Hagamos una fiesta

Todos conocemos el capítulo 15 de Lucas en el que nos narra tres parábolas sobre pérdida, encuentro, regocijo y fiesta. Las parábolas de la oveja perdida y la dracma perdida nos enfrentan a un hombre y una mujer que han perdido una posesión. La oveja no huyó ni la moneda se escapó, sus propietarios, en un descuido, perdieron su animalito y su moneda.

El encuentro se produce tras una intensa búsqueda; ni el varón ni la mujer esperan que la oveja y la moneda aparezcan como por arte de magia: ya lo había dicho Jesús ‘busquen y encontrarán.’ (Lc 11,9). Esto aplica tanto para las cosas de Dios, como para las cosas importantes en la vida humana.

Después de buscar con empeño, el hombre encuentra su oveja y la mujer, su moneda. Encontrar debe ser siempre motivo de dicha, de alegría compartida, pues la verdadera felicidad se vive junto a otros, no es algo que dejemos para la soledad y la oscuridad, a menos que nos deleitemos con el mal y la perversidad.

Más aún, mujer y varón piden a sus amigos y vecinos que compartan su dicha por haber encontrado aquello que perdieron y encontraron. No sabemos si Lucas o Jesús afirma que del mismo modo en que se alegran al encontrar algo amado y perdido, del mismo modo en el cielo hay fiesta cuando un pecador vuelve a Dios.

La parábola del hijo pródigo es más expresiva en cuanto que se habla de hacer una fiesta y el inicio de un banquete: se matan animales, se viste al recuperado con las mejores galas y hay múscia, cantos, baile y comida en abundancia.

Podemos dejarnos llevar por el resentimiento, pues cuando peleamos con alguien amado, tenemos miedo de que, al buscar la reconciliación, la situación empeore. Es mejor dejar las cosas como están y no agravarlas; de este modo, los distanciamientos físicos se hacen morales y estos se vuelven cerrazón, desprecio y, finalmente, odio.

Lo mejor es acoger al otro, recibirlo, aceptarlo, perdonarlo, darle una nueva oportunidad y celebrar la vida, la dicha, la amistad, nuestra fragilidad humana, como lo hace Jesús con nosotros, cuando pecamos y nos acoge nuevamente.

¿QUÉ DEBEMOS HACER?

Celebrar la vida, la amistad, el perdón, la reconciliación, el gozo, nuestras fragilidades humanas, nuestro ser personas en proceso de maduración. Siempre es bueno celebrar el reencuentro. Dios también prepara un banquete para nuestro regreso.

10 respuestas a «Hagamos una fiesta»

    1. Dios sea bendito! Qué bendición poder reflexionar sobre la bendita Palabra de Dios. Muy claro el mensaje. Cada uno nos deja una enseñanza para ponerla en practica. Lo más importante de todo es el compromiso adquirido al leer atentamente la Palabra. Dios nos bendiga siempre.

  1. Hermosa reflexión, el perdon nos debe dar paz y a la vez alegria de encontrarnos con ese hermanos que teniamos apartado de nuestra vida.

    Asi como Jesus nos perdona asi debemos hacer los humanos., el perdon sana y libera, el rencor y el odio carcomen nuestra vida y existir.

    Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

  2. Siempre el mensaje llega en el momento justo, acoger a quien te daño es un acto de amor, así como querer a quien intento perjudicarte es otro acto de amor *, Celebró no tener rencor hacia nadie

  3. Porque cuesta tanto trabajo perdonar? Porque nos aferramos a hacerle caso al príncipe de la mentira, de la soberbia y el odio en lugar de abandonarnos a la voluntad de Dios

  4. Todos debemos esforzarnos por buscar lo que se nos a perdido y alegrarnos cuando lo encontramos, quizá a muchos nos ha pasado que cuando se nos pierde algo buscamos, removemos nos esforzamos y cuando lo encontramos se lo comunicamos a la gente más cercana.

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