Cuando se da un espacio a los pequeños

Una de las tentaciones más grandes de los cristianos católicos de todos los tiempos es juzgar, severamente, incluso despreciar el tiempo en el que le tocó vivir, afirmando que es un tiempo de depravación, pecado, miseria, perversión, desenfreno y mil cosas más. El tiempo en el que nos toca vivir, es el mejor de todos, solo que vivimos ilusionados con un mundo que se ajuste a nuestra visión, aunque nosotros poco aportemos para que esa visión se haga realidad.

Jesús se amolda a su tiempo, es un hombre flexible, adaptable, no es alguien rígido e intransigente. No se ajusta a los juicios y criterios de su época, pero sí al tiempo histórico que le tocó vivir. Y es que Jesús es consciente de que solo se puede cambiar el mundo cambiando los corazones, porque los corazones cambiados pueden transformar las estructuras, los criterios, los valores, las personas, las familias, las culturas y las sociedades.

La sociedad de hoy desprecia y rechaza a quienes considera inútiles, incapacitados, diferentes y su modo de mostrarlo es marginándolos, haciendo de cuenta que no existen. En tiempos de Jesús esos marginados eran los niños y las niñas de su época. Eran dificultades que afrontar, bocas que alimentar, cargas que sobrellevar, personas que solo en el futuro podrían ser de ayuda, apoyo y utilidad, pero en su momento, eran lo que hoy son los ancianos y los incapacitados para nosotros: un peso muerto cuesta arriba sin descanso a corto plazo.

Para Jesús, los niños no son una carga, peso muerto, molestias a tolerar, incomodidades a soportar. Tampoco son algo que solo serán alguien cuando crezcan o maduren. Nosotros todavía tenemos esa mentalidad cuando solo nos interesamos en preguntarles qué quieren ser cuando sean grandes, porque eso es algo que debe correr por nuestra cuenta. Los niños y niñas serán aquello que nosotros les ayudemos a ser; aquello en que les ayudemos a convertirse.

Una línea del poema ‘Arcoíris’ de William Wordsworth afirma que ‘el niño es el padre del hombre’, con lo que nos da a entender que lo que es un niño o niña es en su infancia es lo que será en su vida adulta: un hombre es un niño crecido; una mujer es una niña crecida. Los niños y niñas serán excepcionales si sus padres y los adultos que les rodean educan y cuidan contribuyen a ello.

Jesús pide a sus discípulos que permitan a los niños acercarse a él (Mc 10,13-16). Buenos padres y madres de familia consideraron que era buena idea acercar a sus hijos a Jesús; sus discípulos piensan que es inapropiado para un Maestro, Profeta, Sabio, Taumaturgo e Hijo de Dios que lo menos valioso de su sociedad se acerque a él. Pero Jesús tiene otras ideas. Quien se acerca a Jesús se llena de sus riquezas, dones y bienes. Recordemos que Jesús nos propone como modelo de vida cristiana a los niños y niñas. Ellos son el espejo en el que debemos mirarnos e imitarlos es lo que nos garantiza ganar la vida que Jesús quiere para nosotros.

¿QUÉ DEBEMOS HACER?

Brindar a niños, niñas y adolescentes que viven en torno nuestro el mejor de los tratos, sepamos respetarlos, cuidarlos, protegerlos, apoyarlos, alentarlos, comprenderlos. Los niños no nacen sabiéndolo todo, aprenden de los adultos que les rodean. Demos siempre a nuestros pequeños TODO lo que ofrecemos al Niño Jesús en estos días. ¿incluida la adoración, preguntarás? Desde luego, ellos deben ser para nosotros la imagen de Dios hecho un niño indefenso, que espera de nosotros la mayor delicadeza, ternura, dulzura, amor y veneración.

8 respuestas a «Cuando se da un espacio a los pequeños»

  1. Desde luego evangelizar a nuestros hijos, hablarles de Jesús, con ejemplo ayudarlos a orar , leer y reflexionar las Sagrada Escritura

  2. Bellos y sabias reflexiones sobre nuestra responsabilidad en construir una sociedad mejor, cumpliendo nuestras obligaciones de apoyo y formación de nuestra niñez. Soy una maestra jubilada que por 35 años, tuve la responsabilidad como maestra y Directora de escuela primaria y secundaria. Al mismo tiempo fui catequista en mi parroquia y voluntaria en la Pastoral Penitenciaria, eso me permitió conocer las grandes deficiencias que afrontan nuestros niños y jóvenes durante su crecimiento, por la negligencia de sus padres que por diferentes razones, no asumen su responsabilidad.
    URGE una evangelización a todos los niveles y especialmente a nivel familiar, donde descansan los fundamentos básicos en la formación de los valores básicos y permanentes.

    1. Buen día
      Comparto lo que he vivido, Escuchar y poner atención a los niños es la mejor respuesta de la presencia De Dios, me ha ocurrido en ocasiones que estoy preocupado y estoy con mis nietas, en una ocasión íbamos de viaje y tenía preocupación por el operador y la nieta de 5 años voltea y me dice, abu sabes quien va manejando, le digo no y me responde Dios, no te preocupes y yo sin haber comentado nada. Ahí está su presencia.

  3. Gracias.
    Buenos tratos, cuidar de ellos, ser ejemplo de los niños; y no sólo de nuestros hijos sino de los niños en general: sobrinos, primos, nietos, amiguitos, vecinos, compañeros, niños que están en cualquier lugar.

    Los adultos somos los responsables del bienestar de los niños.

    Gracias por la reflexión. Me gustó mucho.

  4. En general, es verdad la idea que todos llegamos con todo cuanto necesitamos desde nuestro nacimiento, como dice tenemos nuestro pan debajo del brazo, en realidad es haci con todo lo rico de la espiritulidad que son los niños desde ya tienen lo mas importante para llevar la vida; ellos nos hacen volver a ver todo mas facil si volvemos a nuestros origenes. Pidamos a Dios mantener la sencillez y la inocencia de los niños en el día a día. Amen.

  5. Me parece que no hay hay nada mas sincero y original que una niña.
    Hoy tengo la dicha de tener dos nietas de 5 años (son cuatas), casi 6, y primero son mi adoración, segundo son mis maestras, estoy aprendiendo tanto de ellas como no se pueden imaginar, un ejemplo muy simple, me llamó una de ellas, no pude contestar su llamada en el momento, después me reportó con ella muy cariñoso y le pregunto, ¿Para que me llamaste hija? -«mmmhhh, ya no te necesito abuelo, ya hablé con mi otro abuelo». -me contestó-. WOW, para mi gran, gran enseñanza de hablar tan directo, tan claro y seguramente sin pensar absolutamente que pudiera dañar. ¿Cómo contestaríamos como adultos?, muy seguramente empezando por disculparnos… ahh como estoy aprendiendo de mis nietas.

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