Amar, servir y atender

Durante un buen tiempo hemos meditado todo lo relativo a la fiesta, el banquete, la comida, la celebración y, desde luego, el culto. Hemos considerado la alegría de celebrar, el don de compartir, la dicha de estar al lado de gente que amamos y personas que nos aman. También hemos puesto la atención en el culto judío que tenía un tipo de sacrificios que permitía al oferente comer una parte de lo ofrecido a Dios en donación, compartirlo en una pequeña fiesta con amigos, familiares e invitados. Hemos vuelto la mirada a la fiesta y la capacidad de apertura al dolor y el sufrimiento.

Ahora, bien, los cristianos hemos sido formados y educados muchas veces más en la escuela de Pablo de Tarso, a quien de cariño y por respeto llamamos San Pablo y hemos dejado un poco en el olvido la escuela de Jesús de Nazaret, a quien solo llamamos Jesús, así, a secas.

Adicionalmente, en muchos apartados es más fácil ajustarnos a la enseñanza de Pablo que a la de Jesús. Para nosotros cristianos del siglo XXI es más impositivo expresiones como ‘las mujeres deben estar calladas en las asambleas. No les está permitido tomar la palabra; deben permanecer sumisas, como dice también la Ley.’ (1 Co 14,14) o aquella otra que afirma ‘el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia’. (Ef 6.22). Esto es así porque se ajusta más a nuestra tendencia a poner a la mujer en un escaño inferior y decimos que si lo hacemos es porque lo dice la Biblia.

Jesús nunca pone en un segundo lugar a la mujer, la gente que le busca, se le acerca o le pide algo es siempre atendida, socorrida y tratada con respeto, delicadeza, ternura y tacto. La mujer no es, en la visión de Jesús, un ser de segunda categoría, alguien de quien cuidarse o de quien protegerse.

Hay un pasaje que le da a la mujer esa categoría de discípula, seguidora o amiga fiel de Jesús, en la que él reivindica para las mujeres el lugar más digno para ellas. En cierta ocasión es invitado a comer por un par de hermanas; Lucas nos dice que una se llamaba Marta y la otra María (Lc 10,38-42).

Marta, como toda buena mujer judía del siglo I, se afana en todo lo que la sociedad, la cultura y las buenas costumbres le han enseñado. Ella es una mujer de su tiempo, ajustada a las enseñanzas y a las tradiciones de su pueblo: orden, limpieza, buena comida y muchas atenciones, aunque eso suponga descuidar al visitante. Lucas dice que María estaba, como una niña o como un discípulo junto a su maestro, sentada a los pies de Jesús atendiendo sus palabras y aprendiendo su evangelio. Marta pone el grito en el cielo: el lugar de la mujer son los quehaceres domésticos.

Jesús le dice a Marta que hay algo más valioso e importante que afanarse en el hogar. Con esto pone a la mujer en calidad de amiga, de discípula, de fiel seguidora y servidora. El verdadero amor no está en servir sino en regalar toda tu atención al amado, estar a sus pies, dejarse sorprender, adquirir un nuevo sentido de la vida, gastar tiempo a su lado, perderse en su compañía.

¿QUÉ DEBEMOS HACER?

Aprender de Jesús que la mujer no es un ser de segunda categoría, menos valioso o de menor importancia. Para él, la mujer es alguien digna de valoración, respeto, cuidado, atención y delicadeza. Una vez más, Jesús nos reta a tratar a la mujer como un igual, como alguien de mi misma dignidad. Hoy se impone aprender a adorar a Jesús descubriéndolo en el rostro de muchas mujeres maltratadas, marginadas, despreciadas, descuidadas y condenadas. A Dios también se le adora en el altar de la vida femenina. Navidad es tiempo de adoración.  ¿Qué estamos esperando?

2 respuestas a «Amar, servir y atender»

  1. LA DIGNIDAD DE LA MUJER y su vocación , objeto constante de la reflexión humana y cristiana , ha asumido en estos últimos años una importancia muy particular .Llega la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud , adquiere en el mundo una influencia y un poder jamas alcanzados hasta hora , cfr. MULIERIS DIGNITATEM ( Sn.Juan Pablo II ) .

  2. PARA MI LA MUJER ES LO MAS BELLO DE LA CREACION, LA MISMA QUE DIOS HIZO CON AMOR, ES DECIR LA MUJER ES EL MEJOR FRUTO DEL AMOR, LA MEJOR MUESTRA Y EVIDENCIA, LO QUE MAS AMO EN LA VIDA ES A MI MADRE, TENGO UNA SOLA HIJA, PERO ME HUBIERA GUSTADO TENER MAS, YA QUE LA EXPRESION DE MI AMOR SERIA MAS MANIFIESTA, MAS LATENTE. POR ALGO LA MUJER LLEVA MESES LA FORMACIÓN DE UNA NUEVA VIA.

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